LOS MEJORES ALUMNOS TAMBIÉN SUFREN FRACASO ESCOLAR

El trabajo de James Clerk Maxwell fue la bisagra que cambió la historia de la ciencia. Y con la ciencia, nuestra visión del mundo. Su formulación audaz explicó toda la fenomenología que escapaba a las leyes newtonianas. Y al hacerlo, le dio a la humanidad nuevos espacios desde los que trazar su cosmovisión.

La educación necesita una bisagra eficaz: hay que detonar el cambio. La escuela del 2020 no existe, y no saldrá de las mejores escuelas de hoy. La escuela del 2020 nacerá de la gestión eficiente y profunda de la crisis de su actual modelo.

El fracaso escolar entendido como el problema que afecta a tantos malos estudiantes, es solo un síntoma del verdadero fracaso escolar, que es el agotamiento del modelo educativo vigente. Hay que migrar de paradigma, rediseñar la institución y el aula de clase. PISA recoge de manera casi unánime las necesidades de un sistema educativo adaptado al siglo XXI, pero la escuela no asume bien el diagnóstico ni se responsabiliza de él. 

Desde PROED, proyecto madre de Maxwell School, llevamos años trabajando en los márgenes del sistema educativo. Recogiendo cientos de casos de chicos que viven en la pesadilla de ser malos estudiantes. Evaluamos su punto de partida y recorremos con ellos el camino de salida desde ese terrible infierno. Nos han enseñado mucho.

Hemos aprendido que el fracaso escolar no tiene un perfil: afecta a alumnos de todo el espectro de capacidad intelectual, incluidos los extremos; se presenta en chicos y chicas de cualquier edad, con multitud de intereses y caracteres. No deja a salvo tampoco a ninguna clase social y ni siquiera tiene tanto que ver con el colegio al que asisten porque, en esencia, la mayoría de colegios se alinean bajo el mismo paradigma.

Diríamos más: el fracaso escolar también se manifiesta en los buenos alumnos. Sacan buenas notas, viven menos angustia, conservan mejor su autoestima y encuentran más puertas abiertas. Pero eso no los protege contra el embiste que supone lo escolar en sus pasiones y vocación, en su creatividad o sus valores. Egresan del bachillerato habiendo entendido que lo peor que pueden hacer es equivocarse, que escribir es tener la caligrafía bonita y leer saberse la biografía de Cervantes; que aprender idiomas es “fill in the gaps” o “true or false” y que la Guerra Civil Española empezó en 1936, pero que no es relevante si tienen o no una opinión informada sobre ella… Que evaluarse es hacer copy-paste, porque lo importante es memorizar las ideas consagradas y lo accesorio tener ideas propias.

Incluso para sus buenos alumnos, la educación de hoy fracasa.
En PROED hemos aprendido también que la escuela no debe trabajar mejor, sino diferente. Buenos y malos estudiantes del sistema tradicional despuntan con la pedagogía adecuada, y eso es precisamente lo que nosotros sabemos hacer: no dejar a ni un solo chico atrás, llevarlos a todos al desarrollo de sus mejores capacidades.

La visión de nuestro nuevo colegio es convertirse en laboratorio y fuente de inspiración para el cambio educativo que sin duda se precipita. Ser parte de la bisagra que se necesita en este punto de inflexión en el que estamos atrapados. El cambio es hoy, lo hemos vivido y sabemos cómo hacerlo. Mostrar el camino que conocemos es ahora nuestra misión.

Bienvenidos a Maxwell School

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